Marcela Astorga @ Henrique Faria Buenos Aires

Categoría
Muestras
Fecha
12/07/2017 19:00 - 05/08/2017 21:00

Territorio vulnerable
Marcela Astorga

Desde el miércoles 12 de julio al 5 de agosto

Henrique Faria Buenos Aires
Libertad 1628

Marcela Astorga, una estética del derrumbe o cuando las paredes al fin hablan

Henrique Faria Buenos Aires presenta la muestra Territorio vulnerable, un conjunto de obras en el que la artista nacida en Mendoza exhibe por primera vez en la galería desde su incorporación a nuestro staff de artistas en 2016. De reconocida trayectoria en la escena contemporánea, Astorga ha venido perfeccionando su mirada sobre los materiales que nos constituyen como sociedad hasta dar con estas piezas en las que se adivina una crónica social a partir de los fragmentos de un posible derrumbe. Con ella, aquello de que “las paredes hablan” deviene objeto, forma del rumor que constituye los muros de la ciudad. La muestra de Marcela Astorga podrá verse desde el 12 de julio hasta el 16 de agosto inclusive.

Arquitecturas 2, 2013. Impresión giclée. 80 x 60 cm. Edición de 5 + PA
Arquitecturas 2, 2013. Impresión giclée. 80 x 60 cm. Edición de 5 + PA
Sin título, 2017. Cemento, ladrillo, acero inoxidable, MDF. 144 x 63 x 30 cm
Sin título, 2017. Cemento, ladrillo, acero inoxidable, MDF. 144 x 63 x 30 cm
Arquitecturas 7, 2017. Impresión giclée. 60 x 80 cm. Edición de 5 + PA
Arquitecturas 7, 2017. Impresión giclée. 60 x 80 cm. Edición de 5 + PA
Sin título, 2017. Cemento, cable de acero, madera, MDF. 135 x 120 x 45 cm
Sin título, 2017. Cemento, cable de acero, madera, MDF. 135 x 120 x 45 cm
Arquitecturas 1, 2013. Impresión giclée. 60 x 80 cm. Edición de 5 + PA
Arquitecturas 1, 2013. Impresión giclée. 60 x 80 cm. Edición de 5 + PA
Sin título, 2017. Cemento, ladrillo, acero inoxidable, hierro niquelado, MDF. 98 x 35 x 30 cm
Sin título, 2017. Cemento, ladrillo, acero inoxidable, hierro niquelado, MDF. 98 x 35 x 30 cm
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Desde su utilización de materiales asociados a la patria agrícola-ganadera (la carne, el cuero, las cerdas), Marcela Astorga ha planteado sus obras como enigmas que representan una esencia del origen de la Argentina en el linde de la sangre y las letras, la historia sociopolítica y la de la literatura. En Territorio vulnerable son los materiales propios de la ciudad los que la llevan a interrogarnos sobre la solidez y viabilidad de su estructura social. Federico Baeza (UBA), autor del texto crítico de la muestra, asocia las obras distribuidas en la galería con una cotidianeidad del derrumbe. “Desde inicios de 2010 el registro de desmoronamientos linderos con obras en construcción fue creciendo exponencialmente (…) Por esos años las crónicas periodísticas abundaban en imágenes de vecinos frente a las estructuras vencidas de sus viviendas. En la escena del derrumbe se apiñaba lo que habitualmente se presenta convenientemente separado: concreto, ladrillo y varillas de hierro retorcidas apresaban colchones, muebles, ropa, electrodomésticos y hasta alguna mascota alcanzada por la catástrofe. Estos accidentes son el síntoma de una ciudad que muda aceleradamente su piel. Hoy la sala de la galería se encuentra poblada de diversos fragmentos de edificios que podemos imaginar aledaños a aquellos pozos profundos de tierra recientemente removida…”

En efecto, un repaso a los materiales de las obras de Astorga revela una procedencia de corralón: cemento premoldeado, cables de acero, madera, MDF, ladrillo, acero inoxidable, hierro niquelado, fragmento de fachada. En su arte se diría que late la piel de la ciudad. A sus piezas de impronta escultórica-objetual dispuestas bajo la forma de una instalación se le suman en Territorio vulnerable la serie de fotografías Arquitecturas, recortes donde la artista obtura la forma de lo edificado.
“Esta muestra refleja mi obsesión en los últimos años por la arquitectura y, en particular, el diseño arquitectónico”, dice Marcela Astorga. “Son todas obras nuevas, las fotos son anteriores pero nunca fueron mostradas. Vengo trabajando con escombros, revoques de fachadas, pensándolo como la piel de la casa. Esto surge de unas acciones que vengo haciendo en casas destinadas a demolerse, a partir de ahí empiezo a rescatar esos pedazos de edificios. A partir de ahí cada uno de los escombros es intervenido según su particularidad”, completa.

El conjunto presenta a la artista como una avezada restauradora entre escombros. En palabras de Baeza: “Se desconoce la procedencia de los cascotes: no sabemos si el desplome negligente, la remodelación o una implosión altamente tecnificada les dieron su forma actual. Asidos con alambres de acero, sostenidos por estructuras de metal, inclusive intervenidos por prótesis brillantes, descansan en sus bases. Ahora estos trozos se descubren desafectados del deterioro, de la acción del clima o de las topadoras. También de las renovaciones, del hidrolavado o del vandalismo urbano. Son testigos supervivientes que Marcela Astorga eligió rescatar, y de algún modo sanar, para situarlos en los perímetros de su minuciosa exploración material”.
Marcela Astorga estudió pintura con Diana Dowek y en 2002 recibió la Beca de Experimentación Escénica y el Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas. En 2010, además, gana la Beca a la Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2010. Su obra forma parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, la Universidad Argentina de la Empresa, Fundación Jumex Arte Contemporáneo de México, Cisneros Fontanals Art Foundation de Miami, The Zabludowicz Collection de Londres y de otras colecciones particulares en Argentina, Estados Unidos, México, Venezuela, Costa Rica, Italia y Holanda.
La presencia de Astorga con Territorio vulnerable en la agenda de muestras de Buenos Aires es la confirmación del compromiso de Henrique Faría con el mejor arte contemporáneo argentino.

Texto curatorial

Otro derrumbe en la ciudad

Desde inicios de 2010 el registro de desmoronamientos linderos con obras en construcción fue creciendo exponencialmente a pesar de la caída en los últimos índices de la actividad. Por esos años las crónicas periodísticas abundaban en imágenes de vecinos frente a las estructuras vencidas de sus viviendas. En la escena del derrumbe se apiñaba lo que habitualmente se presenta convenientemente separado: concreto, ladrillo y varillas de hierro retorcidas apresaban colchones, muebles, ropa, electrodomésticos y hasta alguna mascota alcanzada por la catástrofe. Estos accidentes son el síntoma de una ciudad que muda aceleradamente su piel. Y trastoca las modalidades del intercambio en torno al deseado metro cuadrado.

Hoy la sala de la galería se encuentra poblada de diversos fragmentos de edificios que podemos imaginar aledaños a aquellos pozos profundos de tierra recientemente removida. Se desconoce la procedencia de los cascotes: no sabemos si el desplome negligente, la remodelación o una implosión altamente tecnificada les dieron su forma actual. Asidos con alambres de acero, sostenidos por estructuras de metal, inclusive intervenidos por prótesis brillantes, descansan en sus bases. Ahora estos trozos se descubren desafectados del deterioro, de la acción del clima o de las topadoras. También de las renovaciones, del hidrolavado o del vandalismo urbano. Son testigos supervivientes que Marcela Astorga eligió rescatar, y de algún modo sanar, para situarlos en los perímetros de su minuciosa exploración material.

A principios de los años 90 Astorga también trabajaba con trozos inertes seccionados de los circuitos que los mantenían vivos: carne vacuna representada con medios pictóricos. En sintonía con investigaciones como las de Cristina Piffer, con el antecedente de Luis Fernando Benedit, encontraba en la industria de la carne un filamento clave para desandar un entramado de imaginarios, hábitos, instituciones y modos de producción. Entre la sensualidad pictórica del tejido muerto y su olor nauseabundo se hizo visible un territorio denso. Parafraseando a Ezequiel Martínez Estrada, en la historia nacional del ganado en pie se halla el tendón que recorre la fundación del Estado, la integración de esta región como terminal del capitalismo mundial así como el rito cotidiano de la dieta carnívora y un prolífico léxico local unido a su consumo. De carne somos.

Desde aquella obra inaugural, Astorga siempre dio pasos milimétricos y concentrados: de la carne al cuero, del cuero al pelo. A comienzos de los años 2000 delineaba nebulosos paisajes aprovechando los tonos que conseguía combinando tiras de cuero crudo en un gesto de mínima intervención. La textura mórbida de la piel de vaca apareció insistentemente en obras que se limitaban a exhibir sin adjetivaciones la superficie del material sometido al escrutinio de la mirada. Durante esos años también tomaba del mercado de rezagos militares correas de cuero con los que recubrió columnas y figuró contornos de casas y perfiles urbanos. En estos trabajos empezó a vertebrarse un vínculo subterráneo entre la superficie del cuerpo y el vasto entorno doméstico que nos contiene. Otro insumo recurrente fueron las cerdas de caballo que también dejaba caer o adhería a objetos cotidianos como una almohada o un par de zapatos. Las cerdas siguieron proyectándose hasta alcanzar las plantas arquitectónicas de esas grandes maquinarias de la visión, las salas de los museos. Allí el material folclórico abrazaba los contornos de dispositivos que alimentan la expansión planetaria de la industria del arte.

Casi al final de aquella década, Astorga tuvo una experiencia que marcó fuertemente sus indagaciones actuales. Podemos imaginarnos sumergidos en la penumbra de un edificio deshabitado, allí nos alarmaba el ruido seco de los golpes sobre el techo de la estructura derruida. Luego de algunos sonoros impactos percibimos la caída del concreto y se abrió un pequeño orificio que inundaba de luz el recinto dejando ver su piel curtida. En la serie de acciones Óculo la violencia instauradora de aquellas fracturas permitía paradójicamente comprender la dimensión antropológica de estos ámbitos que nos son sumamente próximos, en los que consumimos nuestras horas y encontramos refugio. Simultáneamente se hacía presente la catástrofe diaria de una ciudad que se derrumba y se vuelve a erigir convulsionada por las transacciones y disputas en torno a la propiedad del suelo.

En este proyecto se mostraba una vez más cierta operatoria central en el itinerario de Astorga: la ejecución de una acción material concreta que permite iluminar una escena arqueológica que enhebra el ámbito de nuestras cercanías con el vasto horizonte de las convulsiones colectivas. Hoy estos vestigios fueron recuperados pero también reposan desconectados definitivamente de sus emplazamientos originarios. Son entregados a la observación detenida. Primero fueron extirpados, seccionados, amputados. Ahora son conservados, compuestos, curados. Entre la destrucción y su sanación, los cascotes deciden contar algo. Tal vez un relato sobre la inminencia del derrumbe.

Federico Baeza


Federico Baeza es Doctor en Teoría e Historia de las Artes (UBA).
Investigador, profesor y curador especializado en arte contemporáneo.

Marcela Astorga nació en Mendoza y actualmente vive en Buenos Aires. La omnipresencia de Los Andes, la cumbre y lo bajo, la luz y la sombra, el deshielo y los ríos, los contrastes y las graduaciones nutren su trabajo. También el abuso de poder y el deseo de una realidad más equitativa.
En 1985 cursó parte de la carrera de diseño en la Universidad de Buenos Aires y elije una formación menos institucionalizada. Asiste al taller de Diana Dowek y retoma la pintura, decide dedicarse a las artes visuales. Entre 2001 y 2002 recibe la Beca de Experimentación Escénica y el Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas. Gana la Beca a la Creación del Fondo Nacional de las Artes en 2010.
Fue invitada al Madinina Workshop del Triangle Art Trust en Martinica, a URRA Residencia de Arte en Buenos Aires y como conferencista al II Simposio Internacional de Estudios Visuales por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey. En el 2015 editó junto a Zavaleta Lab, el libro-objeto Marcela Astorga. Espacio Habitado.
Prestigiosos curadores, historiadores y críticos como Marcelo Pacheco, Taiyana Pimentel, Ana Longoni, M. Teresa Constantín, Jorge López Anaya, Rosa Olivares, Gustavo Buntinx, Raúl Zamudio, Ana M. Battistozzi, Viviana Usubiaga, Victoria Noorthoorn, Cecilia Fajardo-Hill, Fabián Lebenglik, entre otros, han escrito sobre su trabajo.
Su obra forma parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, la Universidad Argentina de la Empresa, Fundación Jumex Arte Contemporáneo de México, Cisneros Fontanals Art Foundation de Miami, The Zabludowicz Collection de Londres y de otras colecciones particulares en Argentina, Estados Unidos, México, Venezuela, Costa Rica, Italia y Holanda.

Henrique Faria Buenos Aires
Libertad 1628 - Buenos Aires 1016
Tel.: + 54 11 4813 3251
Lunes a Viernes: 11:30 a 19 hs
Sábado: cita previa
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www.henriquefaria-ba.com


*Fotografías de las obras Sin título, 2017: Gustavo Lowry

 

 
 

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