Mauro Guzmán @ Henrique Faria

Categoría
Muestras
Fecha
05/04/2017 19:00 - 10/05/2017 21:00

Comerme los ojos de los otros
Mauro Guzmán

Desde el miércoles 5 de Abril al 10 de Mayo

Henrique Faria Buenos Aires
Libertad 1628 

Mauro Guzmán, retrato del artista como una drag queen entre el goce y la pesadilla

Henrique Faria Buenos Aires presenta Comerme los ojos de los otros, una muestra que refleja la multifacética y poderosa cosmovisión de Mauro Guzmán (Rosario, 1977) en un conjunto de instalaciones, fotografías y videos que tienen a la autoficción como elemento saliente. A la manera de un barroco contemporáneo que se asoma a los abismos de la cultura pop, Guzmán compone a partir de los excesos de la estética trash y la androginia queer. Uno de los artistas más singulares de la escena contemporánea argentina, Guzmán muestra por primera vez su obra en Henrique Faria que así confirma su apuesta por apoyar a los artistas cutting edge de Argentina y Latinoamérica.

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La obra reciente de este artista está guiada por un concepto-avatar: la Guzmania. Guzmania lingulata es el nombre de una planta hermafrodita que crece en América Central, las Antillas y Sudamérica y que Mauro Guzmán descubrió en la ciudad mediterránea de Castelló durante una residencia en el marco de la beca Hàbitat Artístic Castelló (2013-2014). A esta visión se sumó la de las dos figuras masculinas (“sirenos”) que coronan la fuente de Albertplatz, en la ciudad alemana de Dresde, que el artista visitó en 2016 para montar un site-specific en la Hochschule für Bildende Künste. Así nació “Guzmania”, alter ego o avatar que rige la obra más reciente de Guzmán. A propósito apunta Beatriz Vignoli en el texto crítico de la muestra: “Entre lo porno y lo surrealista, Mauro ‘tradujo’ esos cuerpos masculinos quiméricos, mitad hombre y mitad criatura marina (puro bronce oxidado cubierto de verdín bajo la lluvia artificial) a la idea un pantano subtropical litoraleño, atravesado por el espectro exótico de Isabel Sarli y por el de un icónico bronce del modernista rosarino Lucio Fontana: Muchacho del Paraná. Esta doble exposición, entre la carne opulenta de la Sarli y el magro pescador, disparó la ficción teatral y cinematográfica de una orgía deconstructivista en el barro”.

De la serie de La Guzmania se presenta en la muestra el video La Guzmania y el reino de los huevos quiméricos mutantes (2017). Como en los nueve filmes protagonizados por Linda Bler (Proyecto Linda Bler. La artista poseída) que la precedieron, Guzmán ocupa aquí el lugar de autor, director y actor, atravesando el espesor múltiple que separa ficción de realidad. Como lo pone Vignoli: “La Guzmania finge ser la actriz porno que finge un orgasmo eterno. Esa ficción de una ficción expresa su verdad, lo mismo que el retablo de escenas fantásticas que se van sucediendo como en un cuento de hadas, como en una mitología nada épica”.
El artista, por su parte, explica: “Algunas ideas que rondan el imaginario de la muestra están vinculadas a cierta atmósfera de pesadilla y oscuridad. Una de las series de fotografías se llama Anoxia nocturna y, de alguna manera, ese es el espíritu de la exposición: un clima espeso, barroso, empantanado donde por momentos falta el oxígeno y lo sexual está latente como goce, pero también como extrañamiento o pesadilla”.
La particularidad de Guzmán reside asimismo en sus influencias que exceden y expanden el campo de las artes visuales. Pensando en voz alta una genealogía posible, el artista establece: “Me fascinan las estéticas provenientes del cine y del teatro underground, y todas aquellas que en su época surgieron planteando formas radicales. Me gustan mucho John Waters, Armando Bo y la Coca Sarli, Fassbinder, Passolini, Cocteau, Amanda Lepore, Ru Paul, Lady Gaga. Todo lo que circula en las redes me hipnotiza bastante y a su vez, todos estos universos están atravesados por ciertas lecturas”.

Mauro Guzmán exhibe en forma colectiva e individual desde 2000 y es uno de los 45 artistas que los curadores Lauren Cornell, Massimiliano Gioni y Laura Hoptman eligieron para el libro Younger than Jesus, editado por Phaidon de Londres en 2009. En 2008 ganó el primer Premio arteBA - Petrobras de Artes Visuales con la instalación Autocine Guzmán. Sus obras se han visto en los últimos diecisiete años en galerías y museos de Argentina, España, Inglaterra y Alemania.

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Del exorcismo al exotismo
En su ensayo “De la filosofía como modo superior de dar por el culo: Deleuze y la «homosexualidad molecular»” 1 , Beatriz Preciado cita “La máquina literaria”, ensayo que constituye la segunda parte de “Proust y los signos”, de Gilles Deleuze: “«Hermafroditismo inicial», como en una planta o en un caracol, que no pueden fecundarse a sí mismos”2. Así, la metáfora del insecto polinizador, que comunica entre diferentes individuos los dos sexos estérilmente separados en cada hermafrodita vegetal, le sirve a Preciado como “mitología fundadora” para repensar el abordaje deleuziano sobre la figura del barón de Charlus, personaje de la saga “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. “Charlus fecunda sin necesidad de irrumpir en la filiación del padre y el hijo. Entrega el ano y evita el incesto…”3. “El Charlus molecular está hecho de devenires incesantes: deviene-mujer, deviene-animal, deviene-flor, deviene por un instante flujo que entra y sale del ano, pero no se identifica ni con la mujer, ni con el insecto, ni con la flor, ni con la mierda. Charlus es molecular porque cuando da por el culo fecunda”.4
Hay un lado nocturno de los modernismos, que se expresa en el anticlasicismo fantasioso de los estilos barrocos y los romanticismos, y que conecta las pesadillas del surrealismo y el expresionismo con los delirios medievales de El Bosco. A esa región pertenecen los cuentos que E. T. A. Hoffmann, en 1817, tituló como Nachtstücke.5

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El lado oscuro del ideal de progreso es el grito: el grito de horror de Nataniel en el más célebre de esos cuentos, “El hombre de la arena”, cuando se revela el artificio; El Grito de Edvard Munch con su cielo enrojecido por el volcán Krakatoa o por la angustia. O el grito de Linda Bler, artista poseída en la escena de exorcismo que iniciaba la saga de los nueve videos de Linda Bler, cuyo nuevo avatar es La Guzmania.
Dos hallazgos articulan el trasfondo de esta muestra de Mauro Guzmán: el “descubrimiento”, en 2014, de una planta hermafrodita americana casi tocaya suya en un supermercado chino de Castelló (localidad española junto al Mediterráneo) y la visión, en octubre de 2016, de los “sirenos” de bronce de la reconstruida fuente finisecular de Albertplatz en Dresde (Sajonia, Alemania). Entre lo porno y lo surrealista, Mauro “tradujo” esos cuerpos masculinos quiméricos, mitad hombre y mitad criatura marina (puro bronce oxidado cubierto de verdín bajo la lluvia artificial) a la idea de un pantano subtropical litoraleño, atravesado por el espectro exótico de Isabel Sarli y por el de un icónico bronce del modernista rosarino Lucio Fontana: Muchacho del Paraná.

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Esta doble exposición, entre la carne opulenta de la Sarli y el magro pescador, disparó la ficción teatral y cinematográfica de una orgía deconstructivista en el barro. Ficción plástica también, que se resuelve en un video: La Guzmania y el reino de los huevos quiméricos mutantes. La pista sobre lo que la orgía deconstruye se encuentra en los ídolos (¿nazis?) caídos, derrumbados a los costados de las escalinatas por las cuales desciende, majestuosa y paranoica, la más excéntrica vedette estrella: una quimérica criatura mezcla de arpía y hembra ovípara, cuya pesadilla se anega en un barro de hombres donde devora (¿ojos, huevos, sexos, insectos?) y es devorada La Guzmania, la planta hermafrodita personificada. Sólo ella logra soportar el brillo fálico entre tanto viejo tótem, entre tanto monumento demolido. La extravagancia y lo inverosímil montan el artificio donde La Guzmania finge ser la actriz porno que finge un orgasmo eterno. Esa ficción de una ficción expresa su verdad, lo mismo que el retablo de escenas fantásticas que se van sucediendo como en un cuento de hadas, como en una mitología nada épica: el desierto de los huevos fritos, un oasis de lluvia dorada, el árbol dorado de las salchichas soñadas. Al igual que su admirado Jack Smith, Mauro Guzmán enhebra un relato trash para hacer hablar “lo latente” en ciertos íconos modernos locales, o para desarmar el cuerpo erecto modernista a contrapelo del canon diurno de la modernidad.

Jack Smith llamó “Atlantis” al lugar utópico que hacían real temporalmente sus películas como proceso, en el acontecimiento del rodaje. La Guzmania, como Charlus, “está hecha de devenires incesantes”: deviene flor carnívora, deviene mujer, deviene madre. Todo esto sucede en un espacio onírico y nocturno, un “reino” de puro placer que –como la Atlantis de Jack Smith– no es exactamente de este mundo. Gozar al infinito en un laberinto de espejos: eso es lo que parece saber hacer una verdadera mujer. La verdadera mujer no existe; es una fantasía, un artificio, y eso es lo que parece saber un travesti, un cross dresser, una drag queen. La Guzmania barrosa habita las pesadillas de la madre ponedora europea y medieval. Nada aterroriza tanto como el goce infinito femenino y es por eso que lo latente en una película pornográfica es una película de terror. La Guzmania de Guzmán, ella es la única que parece saberlo.

Beatriz Vignoli

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1 En Preciado, Beatriz: Manifiesto contrasexual. Madrid, Opera Prima, 2002, pp. 139-155
2 Deleuze, Gilles: Proust et les signes. París, Presses universitaires de France (PUF), 1972, p. 94
3 Preciado, Beatriz: Op. Cit., p.152
4 Idem, pp. 153-154
5 En alemán, “Cuadros nocturnos”.

Mauro Guzmán nació en 1977 en Rosario, Argentina, donde vive y trabaja. Realizó estudios especializados en artes visuales, teatro y artes escénicas. Su producción articula performance, videoarte, fotografía, cine y teatro, donde abarca los roles de director, escritor, técnico y performer.
Integró la exposición de artistas argentinos What Matters? ¿Qué cuenta? Was zählt?, curada por Susanne Greinke, con una videoinstalación site-specific en la Hochschule für bildende Künste (Dresde, Alemania), en 2016. Ese mismo año formó parte de la muestra Dórico, jónico, corintio. La historia del arte después del derrumbe de la norma, curada por Jimena Ferreiro en la Fundación Klemm de Buenos Aires.
Invitado por Santiago Villanueva, en 2015 participó del ciclo “Bellos Jueves” en el Museo Nacional de Bellas Artes. En el mismo año dirigió la pieza escénica Ten cuidado, en el marco de la propuesta curatorial El borde de sí mismo: ensayos entre el teatro y las artes visuales, de Alejandro Tantanian y Javier Villa, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
En La Fresh Gallery (Madrid, España) presentó por primera vez el proyecto La Guzmania en 2014, dentro de la exhibición Linda Bler y otras obras insoladas, con curaduría de Nancy Rojas.
Produjo la videoinstalación Abstractos de verga roja, integrando la edición 2013 del Premio Braque, en el Museo de la Universidad de Tres de Febrero de Buenos Aires.
Entre 2013 y 2014 realizó una residencia artística en el Espai d’art contemporani de Castelló (España). Asimismo, formó parte de la edición 2011 del Programa Internacional de Residencias Gasworks (Londres, Reino Unido), y del ciclo 2010-2011 de la Beca Kuitca / UTDT (Buenos Aires, Argentina).
En 2013 dirigió la obra Um Und Um Die Zukunft (“Alrededor el futuro”), premiada por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario.
Participó como artista invitado de la II Bienal de Arte Contemporáneo / Universidad de Los Andes 2012 (Mérida, Venezuela).
Ganó el Primer Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales 2008 por su videoinstalación Autocine Guzmán.
Fue elegido para integrar, con otros creadores de 45 países, la publicación Younger than Jesus (2009), de la editorial Phaidon y el New Museum de Nueva York.
Expuso sus obras en el Centro Cultural Rojas (Buenos Aires), Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires), Gasworks (Londres), Museo de Arte Contemporáneo (Salta, Bahía Blanca), y museo Castagnino+macro (Rosario), entre otras instituciones y galerías.
Actualmente desarrolla el proyecto Simposio Peluca en Rosario, en su propia casa-taller.

Beatriz Vignoli es crítica de arte en el periódico Rosario/12 (perteneciente al grupo Página/12) y curadora independiente de arte contemporáneo.

Henrique Faria Buenos Aires
Libertad 1628 - Buenos Aires 1016
Tel.: + 54 11 4813 3251
Lunes a Viernes: 11:30 a 19 hs
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