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Trilogía: Argentina, Colombia, México

Luis Alberto Acuña (1904 – 1993) Los arrieros, 1973 Óleo sobre madera 90 x 60,5 cm Colección SURA - Colombia

Luis Alberto Acuña (1904 – 1993) Los arrieros, 1973 Óleo sobre madera 90 x 60,5 cm Colección SURA - Colombia

Los arrieros es una obra de la madurez de Luis Alberto Acuña, cuando sus ideas y métodos de trabajo se encuentran plenamente consolidados, pero se mantiene fiel a búsquedas que se remontan a los inicios de su trabajo artístico, vinculados con el movimiento Bachué. En efecto, a lo largo de su vida, Acuña busca insistentemente que su obra manifieste con evidencia su punto de partida, que se encuentra en la investigación acerca de las raíces prehispánicas, ancestrales y populares de América Latina, investigación que se despliega también en los campos de la antropología, la sociología, la literatura y la historia del arte. Lo que siempre pretendió fue transformar el arte colombiano al vincularlo con las condiciones de la vida americana y olvidarse de la simple imitación de la realidad y de las modas europeas. Cuando en las décadas siguientes el indigenismo fue criticado por su carácter limitado, al menos en la versión que intentaba definir una cultura nacional auténtica separada de los elementos españoles y europeos que también la configuran, Acuña se mantuvo fiel a su pensamiento señalando que su poética integraba la cultura colonial y los aportes de la artesanía tradicional. En esta dirección alejada del puro indigenismo, reivindica los valores autóctonos y las costumbres rurales, al tiempo que acentúa y exagera los rasgos étnicos de los campesinos colombianos, tal como puede percibirse en Los arrieros. Quizá el principal elemento distintivo en el estilo de Luis Alberto Acuña es el uso constante de pequeñas pinceladas separadas que cubren totalmente las superficies de sus pinturas. Muchas veces los historiadores y críticos se refirieron a este peculiar procedimiento hablando del ―puntillismo‖ de Acuña, pues parece recordar el sistema de trabajo de los neoimpresionistas franceses Georges Seurat y Paul Signac; de hecho, Acuña alcanzó a conocer a Signac en París e incluso es posible que haya sido su alumno. Sin embargo, el uso del concepto es inadecuado porque el interés del pintor colombiano está totalmente alejado de las búsquedas ópticas y cromáticas de Seurat y Signac. Pero es interesante que, al igual que ocurre en estos artistas, Acuña introduce un problema que no tiene que ver con la representación misma de la realidad sino con la estructuración de la pintura, lo que ubica su obra en el camino de las búsquedas de autonomía propias del arte moderno; paradójicamente, el origen de este procedimiento tan avanzado debería buscarse en el trabajo de Acuña como tallador de madera. Lo que se observa en la pintura de Los arrieros es una sólida estructura, definida por contornos casi exagerados que hacen pensar en el cloisonismo de Gauguin y Bernard. Estos contornos determinan claramente las relaciones entre los distintos elementos y el espacio, y acogen amplios fondos de colores bastante planos. Sobre esas zonas neutras los trazos aislados aportan luces y sombras, refuerzan los contrastes de color y la potencia del contorno y, a diferencia de lo que buscaba Seurat, generan una fuerte sensación de movimiento, sensación derivada del efecto de inestabilidad que inducen en la mirada del espectador.