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Trilogía: Argentina, Colombia, México

Eduardo Ramirez Villamizar ( 1923 - 2004) Angel flautista, s.f.  Óleo sobre tela 70 x 49 cm  Colección SURA - Colombia

Eduardo Ramirez Villamizar ( 1923 - 2004) Angel flautista, s.f. Óleo sobre tela 70 x 49 cm Colección SURA - Colombia

Eduardo Ramírez Villamizar es uno de los más importantes artistas colombianos de la segunda mitad del siglo XX, entre los protagonistas del desarrollo de la abstracción. La obra más conocida de Ramírez Villamizar se manifiesta en esculturas en las cuales prima el rigor compositivo de las formas geométricas. Sin embargo, la suya no es una ―geometría pura‖, nacida en el universo de las ideas, sino que ha sido descubierta en la cerámica, en la orfebrería y en la escultura precolombinas, en el despliegue de las estructuras orgánicas de la naturaleza y en los efectos cambiantes de luces y sombras que el tiempo despliega sobre todas esas formas. Por eso, frente a este artista abstracto geométrico pero de raíces orgánicas, resulta tan desconcertante, pero al mismo tiempo tan iluminador, detenerse ante su Ángel flautista. Es necesario aclarar que con esta pintura nos encontramos frente a la primera etapa de la obra de Ramírez Villamizar, anterior a 1948 y al período 1950-1952, cuando estudia y trabaja en París e inicia su proceso abstracto, en el cual pasa rápidamente de la pintura a la escultura. Durante la década anterior se dedica a una pintura figurativa en la que explora las más diversas variables, desde bodegones y retratos de un realismo tradicional hasta formas esquemáticas que anuncian la abstracción, pasando por obras en las cuales pueden descubrirse miradas a Picasso, a los artistas nacionalistas, a los mexicanos y al expresionismo. Entre todas esas posibles relaciones, la crítica señaló muchas veces el interés de Ramírez Villamizar por la obra de Georges Rouault que resulta pertinente considerar frente al Ángel flautista. Georges Rouault empieza a exponer con el grupo de los fauvistas franceses liderados por Henri Matisse. Sin embargo, es claro que desarrolla propuestas muy alejadas de los parámetros más armoniosos y decorativos de sus compañeros. La suya es una pintura brutalmente expresionista, que tritura la figura para recomponerla después a partir de violentos trazos oscuros que acogen las zonas de color. El Ángel flautista presenta ese grado extremo de descomposición de la figura que planteaba Rouault. En efecto, no es posible imaginar ninguna posición o movimiento que nos permita comprender de forma más o menos natural las relaciones entre las distintas partes del cuerpo del personaje, por eso abandonamos espontáneamente esa preocupación y en lugar de piernas, alas o brazos percibimos solo fuerzas de trazos y colores. Los contornos, que nos arrastran con su velocidad, son llevados a un extremo casi delirante de violencia, con brochazos sobrepuestos que disfrutan al ensuciarse con los demás colores. En el fondo, parece como si esta obra fuera el resultado de una catarsis a través de la cual el artista manifestara su profunda necesidad de mezclarse con la materia del mundo, más allá de todas las limitaciones racionalistas que había planteado la pintura tradicional, como si el artista se estuviera deslizando desde el expresionismo hacia una pintura informal y matérica. En todo caso, poco después Eduardo Ramírez Villamizar emprende el camino de la abstracción en el cual la armonía y el equilibrio son resultados de una lucha y —no casualmente— recuerda siempre que es indispensable conservar los vínculos orgánicos con el mundo de la vida.