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Trilogía: Argentina, Colombia, México

Leopoldo Presas (1915 - 2009) Descendimiento 1962  Óleo sobre tela 114 x 196 cm Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat

Leopoldo Presas (1915 - 2009) Descendimiento 1962 Óleo sobre tela 114 x 196 cm Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat

En la extensa trayectoria de Leopoldo Presas puede señalarse un momento singular: sus pinturas de asunto religioso de comienzos de los años sesenta, cuando la fuerza de la imagen se acompaña con una paleta reducida y materia densa. En la Colección Fortabat se conservan dos obras de esta serie, Descendimiento y Santo, profeta y personaje, dentro de una sustantiva presencia en la colección de su obra madura. Al igual que Orlando Pierri, Presas comenzó su carrera como integrante del Grupo Orión y también colocaba figuras expresivas en espacios yermos, en el marco del derrumbe de la humanidad en la barbarie de la Segunda Guerra. Pintura de búsqueda más existencial que onírica, a pesar de la suscripción al surrealismo. Esta lectura de una pintura existencialista construye un puente entre la obra de aquellos años y la serie religiosa. Sin embargo, debemos matizar la acción de Presas con sus compañeros de ruta inicial, ya que no participó en la segunda exposición en 1940, realizada en Amigos del Arte. Raúl Santana ofrece una lectura certera: la serie religiosa de Presas es la representación de ―la dimensión de la carne lacerada‖. Agrega el crítico que ―se identifica con la figura de Cristo como si hubiera sido un testigo directo, somete los materiales a la misma tortura y desfiguración de los representados‖. En los años sesenta la utilización de la iconografía religiosa, en particular de Cristo, era una práctica habitual para expresar la situación social del hombre, un nuevo humanismo en el que participaba la renovación teológica de la Iglesia. En cierta forma no se puede comprender el núcleo de representación religiosa de Presas —donde predominan las crucifixiones— sin tener en cuenta las series de contenido crítico contemporáneas como Los cerdos. Sin embargo, a diferencia de otros artistas, su posición al utilizar las imágenes bíblicas no era radical. Por el contrario, fue estimulado por la constante lectura de G. K. Chesterton. Así, es posible pensar en una pintura de ―conversión‖ más que de ―devoción‖ o denuncia política. Una representación humanista que obtiene de la imagen del Cristo doliente su mayor expresión simbólica. La búsqueda de dramatismo es notable en los rostros y en la torsión del brazo muerto en Descendimiento o en el hieratismo frontal en Santo, profeta y personaje, que recuerda la intensidad de la obra de Georges Rouault como sentimiento hacia lo verdadero de la redención. En Descendimiento asume el riesgo de ubicar el cuerpo muerto en la extensión de la tela. La cita al Descendimiento de la cruz de Caravaggio es ocultada por la distancia estilística, pero la representación puede considerarse su deriva iconográfica, en especial en la figura de Nicodemo. En la obra de Caravaggio, este último junto con Juan coloca el cuerpo de Cristo sobre la Piedra de la Unción; en el caso de Presas, suma en el fondo la Cruz y los rostros deformados en su expresión, a tal punto que es posible con certeza diferenciar las mujeres del relato novo testamentario. Con dominio artístico, la cabeza de Cristo, vuelta hacia nosotros, se recorta sobre un fondo rojo, tan rojo como la herida del costado.