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Trilogía: Argentina, Colombia, México

Fernando Botero (1932) Variaciones sobre Cezanne, 1963  Óleo sobre tela 131 x 150 cm Colección SURA - Colombia

Fernando Botero (1932) Variaciones sobre Cezanne, 1963 Óleo sobre tela 131 x 150 cm Colección SURA - Colombia

A fines de los años 50, Fernando Botero descubre los fundamentos de lo que se convertirá en su estilo propio, basado en la dilatación volumétrica de las figuras, que a partir de entonces se convierten en formas esféricas. En la misma época conoce el expresionismo abstracto norteamericano, cuya influencia se traduce en el uso de una pincelada suelta y rápida que se encuentra acompañada a veces de efectos de chorreado que recuerdan los gestos casi al azar de la pintura de acción; en algunas obras es tan intenso el efecto de este tipo de pinceladas que parece que fuera a dar paso hacia una abstracción expresionista. Cuando en 1960 se instala en Nueva York y comienza a tener éxitos notables como la compra de una obra suya por parte del MOMA, recibe también las más fuertes críticas porque su pintura figurativa parece haber sido superada por el desarrollo de las nuevas vanguardias. Sin embargo, en lugar de plegarse ante esas críticas reforzando aún más la violencia de sus obras, se dedica a profundizar su proceso figurativo. Paulatinamente la pincelada va perdiendo el énfasis y la rapidez anteriores, y empieza a entrar en las pinturas de manera cada vez más suave y delicada, lo que le permite profundizar en el análisis de sus volúmenes esféricos. De todos modos, los procesos artísticos habían adquirido una velocidad excepcional en Nueva York y ya para 1962 parecía superado el expresionismo abstracto y empezaba a abrirse paso el arte pop. Variaciones sobre Cézanne, de 1963, coincide con el momento de la aparición del pop norteamericano, lo que sin embargo no significa que sea un derivado suyo ni que tenga relación directa con él. Parece evidente que la obra está planteada desde un punto de vista ―popular‖, pero es igualmente claro que ese carácter difiere profundamente del sentido que tiene en el pop, donde está relacionado con las formas de vida de la sociedad de consumo y sus procesos de producción de imágenes. Por el contrario, la imagen creada por Botero se relaciona con el gusto pueblerino, con su esquematismo y simplicidad. El uso exagerado del color rosa en diversos tonos y sus contrastes con rojos y amarillos, parecen remitirse a las estampas de dudoso gusto que durante mucho tiempo fueron las únicas imágenes que se distribuyeron en las pequeñas poblaciones extendidas por la geografía colombiana. Esa cultura popular, pueblerina, había sido el punto de partida de las imágenes de vírgenes y demonios que Botero había creado a fines de la década anterior. No puede pasarse por alto que el artista relaciona esta naturaleza muerta con la obra de Cézanne de manera tan explícita que, para que no quede la menor duda, lo deja escrito sobre la tela. En efecto, mirando los bodegones de Cézanne, Botero parece poner en discusión todo su propio esquema de construcción de formas y volúmenes con una estrategia cargada de humor. La extensión de los rosados trae todos los elementos al primer plano, empujados por el plano rojo del fondo y ubicados sobre la superficie de una mesa que resulta violentamente vertical. Sin embargo, Botero puede comprobar que las formas esféricas mantienen su volumen, como si quisieran pasar del espacio del cuadro al del observador.