Auguste Rodin @ Museo Nacional de Bellas Artes

Rodin. Centenario en Bellas Artes
A cien años de la muerte del escultor francés, la muestra homenaje reúne obras del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes.

Desde el martes 28 de noviembre al 25 de febrero 2018

Museo Nacional de Bellas Artes
Av. Del Libertador 1473

El Museo El Museo Nacional de Bellas Artes inaugura, el martes 28 de noviembre, a las 19, la exposición Rodin. Centenario en Bellas Artes, en homenaje al escultor francés, a un siglo de su muerte.

La muestra –con curaduría de la directora artística del Museo, Mariana Marchesi– reúne 19 esculturas y tres dibujos de Auguste Rodin (1840-1917) pertenecientes a la colección del Bellas Artes, en la sala 10 de la planta baja.

"Con su humanismo radical, su vitalismo intransigente y brutal, a la vez que sutilmente sugerente, pletórico de erotismo y potencia expresiva, Rodin abre una nueva dimensión para la escultura cuyos efectos aún no se han clausurado", explica el director del Bellas Artes, Andrés Duprat, sobre la trascendencia del artista, con quien el fundador del Museo, Eduardo Schiaffino, mantuvo un vínculo de admiración y amistad.

Bisagra en las redefiniciones artísticas de su época, el trabajo de Rodin desafió las normas de armonía y equilibrio que regían en el academicismo clásico imperante. "Sus planteos disruptivos –postula Marchesi– incluyeron nuevas soluciones para la escultura: algunas de ellas son el uso de puntos de vista múltiples, el modelado de anatomías imposibles y la exaltación de la materia al dejar visibles distintas texturas que habilitan la sensación de inacabado".

Entre las piezas que componen la muestra, dos obras clave, La Tierra y la Luna y El beso, trazan el punto de partida de un recorrido que no solo evidencia la revolución de las formas impulsada por Rodin, sino también la apuesta por una estética moderna de aquellos promotores culturales de la joven Argentina en que se fundó el Museo, a finales del siglo XIX.

"La exposición permite apreciar en toda su potencia las derivas de las obras de Rodin pertenecientes al patrimonio nacional. Son en sí mismas una invitación a reflexionar, puesto que su presencia en el espacio público –El pensador, el Sarmiento–, junto a las piezas que integran el acervo del Museo, hacen del escultor un punto de referencia para el arte de nuestro país, que ha tenido en el diálogo con el modelo francés una de sus postas históricas", subraya Duprat.

Como complemento de las obras exhibidas en la sala 10, se presentará en la sala 20 una selección de esculturas, también parte de la colección del Museo, que da cuenta del impacto que el maestro francés tuvo en América. El conjunto incluye trabajos de Pedro Zonza Briano, Alberto Lagos, Rogelio Yrurtia y Arturo Dresco, algunos de jóvenes artistas argentinos que, en los primeros años del siglo XX, se sintieron atraídos por las renovadoras propuestas estéticas de Rodin.

Con esta exposición, el Bellas Artes se une a la red internacional de instituciones que, a través de su patrimonio, llevan adelante un programa común de actividades para celebrar a un artista que transformó de manera radical el modo de entender la escultura.

El beso (Fragmento)
El beso (Fragmento)
1889. Yeso. 178 x 111 x 120 cm.
Estudio para manos
Estudio para manos
Bronce patinado. 7 x 5 x 9 cm.
El minotauro (Fragmento)
El minotauro (Fragmento)
c. 1885. Yeso. 34 x 25, 7 x 29 cm
Jean d' Aire, el burgués de la llave. .(Fragmento)
Jean d' Aire, el burgués de la llave. .(Fragmento)
Bronce. 47 x 16,5 x 14,6 cm.
La Tierra y la Luna (Fragmento)
La Tierra y la Luna (Fragmento)
1901-1904. Mármol. 133 x 97 x 87 cm.
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La Argentina de Rodin

Rodin es rey y señor en la materia y hará lo que le dé la gana. Carta de Miguel Cané a Carlos Pellegrini

En la obertura de Las voces del silencio, André Malraux postula que, en la era moderna, habiendo operado el desgajamiento del arte de su función sagrada, el Museo deviene un artefacto donde las obras confrontan las diversas metamorfosis con que el arte configura la mirada del hombre sobre el mundo. Auguste Rodin es el nombre clave de una de esas metamorfosis, por cuanto con su humanismo radical, su vitalismo intransigente y brutal, a la vez que sutilmente sugerente, pletórico de erotismo y potencia expresiva, abre una nueva dimensión para la escultura cuyos efectos aún no se han clausurado. Hay en su obra movimiento, audacia temática, tragedia y, sobre todo, una libertad de concepción que atraviesan el devenir de las artes y que, sin duda, constituyen un patrimonio universal que el propio arte nacional ha capitalizado haciendo su propia lección.
El Museo Nacional de Bellas Artes se enorgullece de ofrecer al público esta exposición en la que pueden apreciarse en toda su potencia las derivas de las obras de Rodin pertenecientes al patrimonio nacional. Son en sí mismas una invitación a reflexionar, puesto que su presencia en el espacio público –El pensador, el Sarmiento–, junto a las piezas que integran el acervo del Museo, hacen del escultor un punto de referencia para el arte de nuestro país, que ha tenido en el diálogo con el modelo francés una de sus postas históricas.
Rubén Darío refiere una visita que Rodin efectuó al taller de Rogelio Yrurtia en París, donde halló al joven émulo argentino destruyendo una de sus obras a martillazos por considerarla indigna del aprecio del maestro. La escena condensa el vínculo dramático que el arte nacional estableció con la modernidad irreverente del polémico escultor, que tuvo en el episodio del Sarmiento su punto más álgido.
Y es que la idea de introducir una modernidad deseada pero disruptiva que Buenos Aires todavía no se consideraba del todo en condiciones de recibir resultó un ultraje para un público que vio en la interpretación libre del carácter del sanjuanino una afrenta a la imagen que se pretendía sacralizada. Ver y ser mirados por Francia, en aquel entonces centro indiscutido del escenario artístico mundial, implicaba un modo de concebirnos a nosotros mismos. Sin embargo, un desajuste fundamental entre el ideal de aires clásicos y el vasto humanismo dionisíaco propuesto por Rodin concitaba la pregunta sobre cómo dar forma a la identidad nacional. A lo largo del siglo XX, no ha sido otro el dilema: edificar una visión propia que imitara a los grandes referentes, pero que diera con una nota de intelección propia, autárquica, soberana.
La presencia en el país de esculturas como El pensador, nada menos que en la Plaza del Congreso, que opera como un alerta reflexivo sobre la condición humana orientada a los poderes, y del no menos polémico Sarmiento, que ocasionó aquí el mismo escándalo que el Balzac en Francia, hacen un llamado al núcleo fundante de la nación. Ser es ser mirado. Pero siempre el alma de un pueblo –el de Francia en el Balzac, el de Argentina en el Sarmiento, dos hombres que con sus textos conformaron el ideal de nación que aún rige– es la que convierte a sus inconformismos frente a la imagen que construye de sí mismo en una fórmula eficaz para que continúe interrogándose acerca de aquello que lo hace ser. En ese sentido, dada la impronta de sus obras en nuestra visión del arte, podemos decir que Rodin ya es una costumbre argentina.

Andrés Duprat
Director Museo Nacional de Bellas Artes

Rodin. Centenario en Bellas Artes

En el corazón de toda actitud de ruptura, subyace una profunda comprensión del espíritu de cambio de una época. Sin lugar a duda, la figura de Auguste Rodin (1840-1917) condensa los universos estéticos
y culturales que dieron forma al último tramo del siglo XIX. Bisagra en las redefiniciones artísticas de entonces, su trabajo desafió las normas de armonía y equilibrio que regían en el academicismo clásico imperante. Sus planteos disruptivos incluyeron nuevas soluciones para la escultura: el uso de puntos de vista múltiples, el modelado de anatomías imposibles y la exaltación de la materia al dejar visibles distintas texturas que habilitan la sensación de inacabado son algunas de ellas.
Rodin. Centenario en Bellas Artes rinde homenaje al escultor francés a un siglo de su muerte con la exhibición de un conjunto de esculturas y dibujos de la colección del Museo. Dos obras clave, La Tierra y la Luna y El beso, trazan el punto de partida de un recorrido que no solo evidencia la revolución de las formas impulsada por Rodin, sino también la apuesta por una estética moderna de aquellos promotores culturales de la joven Argentina en que se fundó nuestro museo nacional.
Con esta muestra, el Bellas Artes se une a la red internacional de instituciones que, a través de su patrimonio, llevan adelante un programa común de actividades para celebrar a un artista que transformó de manera radical el modo de entender la escultura.

Mariana Marchesi
Directora Artística Museo Nacional de Bellas Artes

Rodin en Buenos Aires

1900. El bronce del escándalo
El 25 de mayo, se emplaza el Sarmiento en el Parque Tres de Febrero, el único monumento conmemorativo que Rodin realiza fuera de Francia y la primera obra encargada por un país americano.
De rasgos modernos y rupturistas, no es bien recibido por algunos sectores de la sociedad que reclaman la ausencia de parecido con el personaje representado. Durante una semana, la policía custodia el monumento para evitar actos de vandalismo.

1906. Hora de grandes encargos
Eduardo Schiaffino, primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, visita a Rodin en su taller de Meudon, París. Encarga el mármol de gran tamaño La Tierra y la Luna.
Además, observa con admiración El pensador, emplazado en el Panteón de la Ciudad Luz, y solicita a Rodin una reproducción en bronce para Buenos Aires.

1907. Un regalo inesperado
En señal de gratitud por los pedidos recibidos, Rodin obsequia El beso, una de sus obras más populares. La réplica en yeso es tomada del original en mármol del Museo de Luxemburgo.

1910. Rodin, en el Centenario
Como parte de los festejos por los cien años de la Revolución de Mayo, se inaugura la Plaza del Congreso, donde se emplaza El pensador. Al igual que El beso, se trata de una figura que Rodin independizó del grupo escultórico destinado a La puerta del infierno.

1917. Buenos Aires despide a Rodin
El 17 de noviembre, el escultor fallece en su residencia de Meudon. La noticia conmueve al ambiente artístico y académico local. Se organizan actividades en homenaje al maestro francés.
El Museo Nacional de Bellas Artes continúa con la exhibición de las piezas adquiridas por Schiaffino en Europa, y se otorga a la obra de Rodin un lugar central en las salas permanentes.

1934. La primera gran muestra
El Bellas Artes reúne el conjunto de las obras del escultor existentes en acervos públicos y privados del país. Se trata del panorama más exhaustivo sobre Rodin exhibido hasta entonces.

1938. Del ámbito privado al museo público
La colección Guerrico pasa a integrar el acervo nacional a partir de la donación realizada por María Salomé de Guerrico de Lamarca y Mercedes de Guerrico. Entre las piezas cedidas, sobresale El genio de la guerra o La defensa.

1960-1975. Figura de la colección
Un conjunto de donaciones, entre las que se destacan las de Antonio y Mercedes Santamarina, transforman a Rodin en uno de los protagonistas de la colección del Museo, que a lo largo de su historia logra reunir 28 piezas de indiscutida calidad.
El Bellas Artes se perfila, así, como la institución latinoamericana con el patrimonio más amplio e importante del escultor francés.

Rodin. Centenario en Bellas Artes podrá visitarse en las salas 10 y 20 de la planta baja, del 28 de noviembre de 2017 al 25 de febrero de 2018, de martes a viernes, de 11 a 20, y los sábados y domingos, de 10 a 20, con entrada libre y gratuita. A partir del 13 de diciembre, todos los miércoles a las 12 habrá visitas guiadas por la exhibición.

Museo Nacional de Bellas Artes
Av. Del Libertador 1473
Tel 5288-9900
Horarios Martes a Viernes de 11:00 a 20:00, y sábados y domingos de 10:00 a 20:00.
Lunes: cerrado.
Entrada libre y gratuita
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www.bellasartes.gob.ar

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