Adolf Portmann: cuando la apariencia animal deja de ser un adorno

Adolf Portmann: cuando la apariencia animal deja de ser un adorno
Por Mariano Franze 7 octubre 2026

Editorial Cactus publica la primera traducción castellana de un ensayo de 1958 que propone una biología de las imágenes. Mariposas, plumajes y caparazones abren una discusión sobre la forma, la expresión y los límites de una explicación puramente funcional de la vida.

Una mariposa con las alas cerradas muestra una imagen; cuando las despliega, los mismos colores y motivos forman otra. Adolf Portmann parte de esa transformación para preguntar qué clase de realidad tiene la apariencia de un animal. La pregunta parece pertenecer a la estética, pero el zoólogo suizo la dirige a la biología: ¿qué se pierde cuando rayas, plumas, manchas, irisaciones y simetrías sólo se explican por su utilidad para sobrevivir o reproducirse?

Editorial Cactus publica La autopresentación como motivo de la configuración de la forma viva, un artículo de 1958 que llega por primera vez al castellano, traducido por Enrique Salas y acompañado por el prefacio “Vuelos de apariencias”, de Bertrand Prévost. El volumen tiene 72 páginas e integra Objetos encontrados, una serie dedicada a textos breves capaces de reabrir discusiones actuales.

El ensayo no niega la selección natural ni la selección sexual. Su intervención es más precisa: sostiene que esas explicaciones no agotan lo que vemos. La cola del pavo real puede relacionarse con el cortejo y el azul de su cuello con procesos ópticos; todavía queda por pensar por qué esa forma singular es azul y no roja, cómo se organiza como imagen y qué significa que un ser vivo aparezca de ese modo ante el mundo.

La autopresentación como función vital

Portmann llama Selbstdarstellung —autopresentación o presentación de sí— al plano en el que los animales se dan a ver y se distinguen. La apariencia no sería una capa añadida a un organismo cuya verdad estuviera escondida en el metabolismo, la anatomía o los genes. Es una dimensión propia de lo viviente.

El concepto desplaza la oposición habitual entre interior verdadero y exterior superficial. Para Portmann, la forma visible no es un disfraz. Tiene organización, regularidades y una potencia expresiva que también deben ser estudiadas. Prévost resume la inversión con una hipótesis provocadora: quizá los seres vivos no sostengan un metabolismo para conservarse sin más, sino para que una singularidad pueda permanecer durante un tiempo en el mundo.

El prefacio leído en la muestra oficial permite seguir el alcance de esa inversión. Portmann distingue el plano fisiológico, sometido a las funciones de conservación, y el plano expresivo de la apariencia. No los separa por completo, pero rechaza que el segundo quede reducido al primero. “Parecer” se vuelve una función vital.

De las alas de mariposa a Klee y Mondrian

El texto de 1958 se abre con el llamado fenómeno de Oudemans: la distribución de motivos y colores en ciertas mariposas produce imágenes diferentes según la posición de las alas. Se cierra con pintura. Entre ambos extremos, Portmann observa moluscos, crustáceos, aves y mamíferos; dibuja larvas de libélula, calamares y animales transparentes; compara lo visible y lo oculto, las zonas destinadas a ser vistas y aquellas que parecen carecer de espectador.

Prévost recupera además la lepidocromía, una técnica documentada desde el siglo XVI que transfiere las escamas coloreadas de las alas de mariposa a un soporte. El procedimiento hace difícil decidir dónde termina la naturaleza y dónde empieza la imagen artística. El polvo de las alas se vuelve pigmento; la mariposa es, a la vez, organismo e imagen.

El recorrido conduce a Paul Klee y Piet Mondrian porque Portmann no usa el arte como simple comparación. Su “biología de las imágenes” cuestiona la distribución moderna que reserva a la ciencia los objetos reales y a la estética las representaciones subjetivas. Si la apariencia tiene realidad biológica, las formas animales pueden ser estudiadas como imágenes sin dejar de ser naturaleza.

Un científico fuera de época

Portmann se doctoró en 1921 con una tesis sobre las libélulas de los alrededores de Basilea. Trabajó en estaciones marinas de Banyuls-sur-Mer, Roscoff, Villefranche-sur-Mer y Heligoland, donde estudió moluscos y organismos transparentes. En 1931 ingresó como profesor en la Universidad de Basilea y dirigió su Instituto de Zoología hasta 1968.

Su trayectoria combina morfología comparada, embriología, antropología biológica y etología. Investigó la premadurez fisiológica humana, publicó La forma animal en 1948 y un estudio sobre camuflaje en 1956. También dialogó con Hans Jonas, Helmuth Plessner, Max Scheler, Teilhard de Chardin y Raymond Ruyer, y desde 1962 dirigió los Coloquios de Eranos.

Ese cruce explica por qué Prévost lo llama “sabio-artista”. Portmann trabajó dentro de la ciencia experimental del siglo XX y, al mismo tiempo, recuperó una sensibilidad cercana a Goethe y Humboldt: observar la forma sin reducirla de inmediato a un mecanismo. Sus dibujos no ilustran una teoría ya resuelta; participan de una investigación sobre cómo se presenta lo viviente.

Una conversación dentro del catálogo de Cactus

La publicación prolonga una línea del catálogo de Cactus sobre estética, etología y biosemiótica. En septiembre, la editorial había publicado La elegancia animal, de Bertrand Prévost, donde el historiador del arte retoma a Portmann para pensar una cosmética animal independiente de la moda humana. También dialoga con libros de Étienne Souriau, Vinciane Despret y Jakob von Uexküll.

La edición permite reconstruir una genealogía: Portmann formuló una ciencia natural de las apariencias; Prévost la lee desde la historia y la teoría de la imagen; Cactus coloca ambos libros en circulación casi consecutiva. El resultado no es sólo el rescate de un autor poco traducido. Es una intervención en un debate contemporáneo sobre cómo mirar a los animales sin convertir cada forma en herramienta, señal o decoración para la mirada humana.

Ficha bibliográfica

La autopresentación como motivo de la configuración de la forma viva · Adolf Portmann · Prefacio: Bertrand Prévost · Traducción: Enrique Salas · Editorial Cactus, Objetos encontrados 3 · Primera edición castellana, octubre de 2026; texto original, 1958 · 72 páginas · 18 × 11 cm · ISBN 978-631-6714-11-4 · Maquetación: Manuel Adduci.

Adolf Portmann
Adolf Portmann

Adolf Portmann (Basilea, 1897-1982) fue un biólogo y zoólogo suizo. Se doctoró en 1921 con una tesis sobre las libélulas de la región de Basilea, trabajó en estaciones marinas de Banyuls-sur-Mer, Roscoff, Villefranche-sur-Mer y Heligoland, y desde 1931 fue profesor de zoología en la Universidad de Basilea, donde dirigió el Instituto de Zoología hasta 1968. Sus estudios de morfología comparada y comportamiento animal, con los conceptos de apariencia y autopresentación, lo convirtieron, junto con Jakob von Uexküll, en precursor de la biosemiótica. Desde 1962 dirigió los Coloquios de Eranos. Entre sus libros figuran La forma animal (1948) y Neue Wege der Biologie (1960).

Bertrand Prévost
Bertrand Prévost

Historiador del arte y filósofo francés, profesor de historia del arte y estética en la Universidad Bordeaux Montaigne. Investiga una teoría estética de la expresión basada en una noción ampliada de cosmética. Es autor de La Peinture en actes (2007), Peindre sous la lumière. Leon Battista Alberti et le moment humaniste de l’évidence (2013) y L’Élégance animale (2025), publicado en castellano por Cactus como La elegancia animal.

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Enrique Salas

Tradujo La autopresentación como motivo de la configuración de la forma viva, de Adolf Portmann, para la serie Objetos encontrados de Editorial Cactus.

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