Bajo Casa Blaquier: monedas, agua y rastros de la vida cotidiana porteña
Más de 4.000 fragmentos, dos monedas coloniales y una pieza de ajedrez permiten investigar distintas etapas de ocupación del solar de Defensa 163.
Una moneda colonial, una pieza de ajedrez tallada en hueso y los restos de antiguos sistemas de agua abren distintas entradas a la historia de Casa Blaquier. En Defensa 163, las excavaciones iniciadas en marzo de 2026 identificaron cinco estructuras arqueológicas y recuperaron más de 4.000 fragmentos. El trabajo busca reconstruir las sucesivas ocupaciones de un solar vinculado con los primeros años de Buenos Aires.
Mayólica, porcelana, cerámica y vidrio conviven con pipas de caolín, canicas, cuentas, botones y restos óseos de aves y peces. Son materiales que permiten estudiar consumos, alimentación y prácticas domésticas. La investigación parte de su ubicación en el terreno y de la relación entre objetos y estructuras, además de las características de cada pieza.
El subsuelo conserva una historia del agua
Entre las estructuras localizadas hay una letrina, un sumidero, pozos de descarte y una cisterna que todavía no pudo excavarse. La letrina mide 1,82 metros de largo por un metro de ancho y está construida con ladrillos unidos con barro. La excavación alcanzó seis metros de profundidad; una parte importante de los materiales apareció en sus dos primeros metros.
El sumidero, de mayores dimensiones y cubierto por una bóveda, recibía aguas servidas de la cocina. La cisterna conserva agua y presenta al menos cinco metros entre el brocal y el nivel actual. Su acceso está condicionado por construcciones posteriores.
El equipo de georradar de la Dirección General de Antropología Urbana participa de los relevamientos. Esta tecnología permite detectar paredes, conductos y otras estructuras sin abrir inmediatamente el terreno. El estudio de esos sistemas puede aportar información sobre el abastecimiento y descarte de agua antes de la llegada de la red corriente.
Dos monedas y una pieza de ajedrez
Las dos macuquinas están datadas en 1743 y 1749. Se trata de monedas acuñadas artesanalmente a golpes de martillo: una es de un real y la otra continúa en proceso de identificación. La gacetilla del Ministerio de Cultura señala Lima o Potosí como posibles lugares de producción; esa procedencia no está confirmada.
La pequeña figura de ajedrez está compuesta por dos partes que encastran y representa a un soldado. Los especialistas la vinculan por su estilo con las piezas de Dieppe, localidad francesa reconocida por el trabajo en hueso y marfil, y consideran posible una elaboración durante el siglo XIX. Una hipótesis la relaciona con el Regimiento de Pardos y Morenos. Tanto esa asociación como su datación deben leerse como líneas de investigación.
Un solar con ocupaciones superpuestas
El terreno fue adjudicado a Alonso Escobar en 1580. Más tarde estuvo vinculado con la Compañía de Jesús y perteneció a Lucía de Herrera y Esteban Villanueva. Durante el siglo XIX albergó viviendas, comercios y actividades productivas. José Blaquier lo adquirió en 1925 y lo reorganizó como vivienda colectiva; la Municipalidad lo compró en 1954 junto con los Altos de Elorriaga.
Las tareas actuales comenzaron después de la recuperación del inmueble en julio de 2025. Cada material es limpiado, identificado, fotografiado, inventariado y acondicionado para su conservación. Los hallazgos integrarán el acervo arqueológico resguardado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad.
La información oficial de la investigación describe un trabajo todavía abierto. Los objetos permiten formular preguntas sobre quienes habitaron el lugar; sus respuestas dependen de la lectura conjunta del subsuelo, los materiales y la documentación histórica.