La travesía: Luisa Valenzuela cruza deseo, memoria y escritura en una nueva edición
InterZona recupera la novela publicada originalmente en 2001. El comienzo sitúa a una antropóloga en el MoMA y enlaza el deseo con la observación, el juego y el collage.
Una antropóloga deja un portafolios en el guardarropas del MoMA y pone en marcha una cita cuyo desarrollo contribuyó a escribir. La escena abre La travesía, de Luisa Valenzuela, que vuelve a circular en una edición de interZona de 2026. Aunque los envíos de prensa la presentan como una novela nueva, su página legal precisa que fue publicada por primera vez en Buenos Aires en 2001. La novedad es esta edición, una oportunidad para regresar a una ficción que relaciona deseo, memoria y autoría.
La presentación editorial anuncia una historia en la que unas cartas y un recuerdo alteran el presente de una mujer. El comienzo disponible permite observar cómo se construye ese problema antes de que aparezcan todas sus consecuencias: la protagonista, acostumbrada a estudiar conductas ajenas, empieza a intervenir en una situación que también la compromete.
Mirar y participar
En Navegación a ciegas, el episodio inicial, la antropóloga acompaña a Ava Taurel en los preparativos de una cita. Las búsquedas por Greenwich Village, el antifaz y las instrucciones escritas convierten el encuentro en una puesta en escena. La protagonista intenta conservar su posición de observadora, pero ya ha colaborado con el guion y transporta una parte de sus condiciones materiales.
La tensión se sostiene en ese paso de mirar a actuar. El relato alterna el seguimiento de sus movimientos con preguntas, conjeturas y discusiones que la mujer mantiene consigo misma. El humor y los cambios de registro impiden que sus vacilaciones queden reducidas a una explicación psicológica. La cercanía con su pensamiento hace visible cómo se da razones para continuar mientras imagina la posibilidad de retirarse.
En medio del juego aparece una referencia a la violencia política argentina: la protagonista asocia el ocultamiento de los ojos con el vocabulario de la tortura. La irrupción altera la escena y vincula las formas de mirar, mandar y obedecer con una memoria que desborda el encuentro privado. Es un punto concreto del comienzo donde el deseo se cruza con relaciones de poder, sin que la narración lo convierta en una tesis separada de la acción.
Una vida hecha de recortes
Las obras que la protagonista observa en el museo también intervienen en su pensamiento. Los colchones cartográficos de Guillermo Kuitca le permiten imaginar itinerarios y cuerpos; los collages de Kurt Schwitters la llevan a reconocer en su vida una composición de retazos. El museo ofrece así materiales para que se lea a sí misma mientras espera el momento de cumplir su parte del plan.
Esa asociación con el collage vuelve significativa la advertencia que precede al relato. Valenzuela presenta la novela como una autobiografía apócrifa, donde una protagonista inventada se relaciona con personas reconocibles y otras protegidas por heterónimos. La observación del comienzo permite vincular ese pacto de lectura con la forma de la memoria: fragmentos, versiones y papeles que requieren una organización, sin convertirse por eso en una transcripción de la vida de la autora.
El índice de la nueva edición conserva una organización de resonancias náuticas: una Botadura inicial, La pesca del deseo, Pruebas de fuego y títulos finales que remiten a tocar tierra y cambiar de embarcación. Esa estructura prolonga la idea de una travesía en la que escribir, recordar y exponerse modifican las posiciones de los personajes. La muestra reúne el comienzo y el índice; esta lectura se apoya en ese material y no anticipa el desenlace de la novela.
Ficha bibliográfica: La travesía, Luisa Valenzuela. InterZona, Zona de Ficciones, 2026. Publicación original: Buenos Aires, 2001. 336 páginas; 13 × 21 cm; rústica con solapas. ISBN 978-987-790-148-1.
Luisa Valenzuela es escritora y periodista, nacida en Buenos Aires. Publicó más de treinta libros entre novelas, cuentos, microrrelatos y ensayos, con traducciones a más de diecisiete idiomas. Entre sus obras se encuentran El gato eficaz, Cola de lagartija, El Mañana y La travesía. Recibió la beca Guggenheim y el Premio Internacional Carlos Fuentes en 2019. Después de vivir diez años en Nueva York, regresó a Buenos Aires en 1989.